Muchos dos de febrero han pasado de largo, hasta ayer.
Vivo en la ciudad de Medellín, Colombia, aquí nací y he vivido la mayor parte de mi vida. Y por educación escolar sé el nombre antiguo de la ciudad "Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín".
Ayer, por una necesidad familiar, y la necesidad de recurrir a la Fe sencilla, sin preguntas, sólo con una súplica adentro del corazón, estuve en la Misa de celebración del día de la Candelaria. Y allí escuché sobre la devoción a la Virgen de la Luz. Ella lleva en su regazo la luz del mundo, especial para aquellos que se sienten en oscuridad.
La Iglesia estaba muy llena, muchas luces, yo también llevaba mi veladora entre las manos, junto al pecho llevaba mi cartera, aplicando ese dicho tan atroz y real, "confía en Dios pero cuida tus cosas".
Y le dije a alguien "¿me regalas luz?" Prendí la veladora. Escuché el Evangelio. Observé el cuadro de La Candelaria con soldados vestidos de gala a los lados. Escuché predicar sobre el amor y la paz, sobre el dolor y la luz.
Pensé en cuántos dos de febrero se han ido sin ser celebrados en mi corazón. Ella es la Virgen de la Luz y yo sí que necesito de eso.
Mi Señora, Nuestra Señora. Miré hacia atrás de mí y había en la pared un cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá y pensé en Fray Nelson, "yo conozco quién te cuida allá en Chiquinquirá". Y a lo lejos al otro lado del templo, María Auxiliadora. Qué tan importante es para todos esa figura de la Madre.
Incliné la cabeza a la hora de la Bendición y la recibí. Apagué la veladora, pero me fui a mi casa, con una luz encendida en la esperanza.

Escudo de Medellín. (Imagen tomada de:
http://arquitecturacelestial.files.wordpress.com)
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