Proverbios 19,15; Proverbios 6,6-11; Proverbios 10,4
Cic 1866, 2094, 2128
Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a San Juan Casiano y a San GregorioMagno. Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios.
La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino.
El agnosticismo puede contener a veces cierta búsqueda de Dios, pero puede igualmente representar un indiferentismo, una huida ante la cuestión
ultima de la existencia, y una pereza de la conciencia moral. El
agnosticismo equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico.
La Acidia (Pereza).
Es el más “metafísico” de los Pecados Capitales en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto
tal. Es también el que más problemas causa en su denominación. La
simple “pereza”, más aún el “ocio”, no parecen constituir una falta.
Hemos preferido, por esto, el concepto de “acidia” o “acedía”. Tomado
en sentido propio es una “tristeza de animo” que nos aparta de las
obligaciones espirituales y divinas, a causa de los obstáculos y
dificultades que en ellas se encuentran. Bajo el nombre de cosas
espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para
la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de
las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de
los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión.
Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el
corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital.
Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a
Dios. De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de
la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las
que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la
privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado
grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.
Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar
notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear
que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones,
es sin duda pecado mortal.
Son efectos de la pereza:
· La repugnancia y la aversión al bien que hace que este se omita o se practique con notable defecto.
·la inconsistencia en el bien, la continua inquietud e irresolución del carácter que varía, a menudo, de deseos y propósitos, que tan pronto decide una cosa como desiste de ella, sin ejecutar nada.
·Una cierta pusilanimidad y cobardía por la cual el espíritu abatido no se atreve a poner manos a la obra y se abandona a la inacción.
·La desesperación de considerar que la salvación es imposible, de tal manera que lejos de pensar el hombre en los medios de conseguirla se entrega sin freno alguno a sus propias pasiones.
· La ociosidad, la fuga de todo trabajo, el amor a las comodidades y a los placeres.
· La curiosidad o desordenado prurito de saber, ver, oír, que constituye la actividad casi exclusiva del perezoso.
En el fondo, la acidia se identifica con el “aburrimiento”. Pero no con ese aburrimiento objetivo que nos hace escapar de una cosa, de una
situación o de una persona en particular. Más bien se refiere al
“aburrimiento” que sentimos frente a la existencia toda, frente al
hecho de existir y de todo lo que esto implica. La vida nos exige
trabajo, esfuerzo para actuar según lo que se debe, esfuerzo que no es
ni gratuito ni fácil. Cuando no somos capaces de asumir este costo
(este trabajo) y desconocemos aquello que debemos “hacer” en la
existencia, la vida humana se transforma en un vacío que me causa
“horror”; se transforma en un vacío que me angustia y del cual
escapamos constantemente casi sin darnos cuenta. De hecho
‘aburrimiento’ significa originariamente “ab horreo”
(horror al vacío). Decíamos que la acidia es el más metafísico de los
pecados capitales parque implica no asumir los costos de la existencia,
de escapar constantemente de hacer lo que se debe, por no saber lo que
se debe.
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