DESCUBRIENDO A MARÌA
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÌRITU SANTO.
QUERIDOS HERMANOS: QUEDA COMO MUESTRA LA REFLEXIÒN NUM 14. YA ESTÀ ELABORADO EL CUADERNITO CON TÌTULO "CONTEMPLANDO A MARÌA SANTÌSIMA", EL CUAL CONTIENE LAS 17 REFLEXIONES REALIZADAS EN ESTE GRUPO. QUIEN QUIERA TENERLO BASTA QUE ME DEJE SU EMAIL AQUÌ O A CUALQUIERA DE ESTOS EMAILS: jjymex@ymail.com
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EJEMPLO DE REFLEXIÒN:
14. En la Anunciación María Santísima responde al Padre Bueno: “Fíat mihi (hágase en mí)”. En esto se muestra que la esencia de la Virgen Santísima es la humildad, la obediencia, la pureza, y la subordinación a su Amado, pues:
X. EN ELLA SE HACE LA VOLUNTAD DEL PADRE.
Dice la Escritura:
+ “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra” (Lc 1, 38).
+ “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso” (Lc 1, 48, 49).
+ Jesús dijo al entrar al mundo: “He aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Hb 10, 7, 9).
+ “Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 6, 38).
Dice el Real Magisterio:
+ “A partir del ‘fíat’ de la humilde Esclava del Señor, la humanidad comienza su retorno a Dios” (MC 27).
¡Oh, alma absorta en Dios, qué grande es la respuesta de Nuestra Madre celestial! Date cuenta que ante el anuncio del ángel de Dios, ante la declaración de amor de su Amado, Ella no responde: “yo haré lo que me digas”, o “yo lo acepto”, o “lo pensaré”, o “es lo que esperaba”; no, Ella sencillamente dijo “Fíat mihi”, o “hágase en mí”. Todavía hoy apenas estamos comprendiendo la calidad maravillosa de su respuesta. Ante esta respuesta los ángeles quedaron asombrados. Dios mismo que esperaba la respuesta se puso feliz.
Fíjate bien alma, cómo esta respuesta es el complemento exacto a la respuesta de Jesús; pues Él por su parte dice a su Padre: “He aquí que Yo vengo para hacer tu voluntad”; es decir, ante un Dios deseoso del rescate de sus criaturas de las garras del pecado, ya hay una Voz que dice “Vengo a hacer tu voluntad, oh Padre Bueno”. Luego surge otra voz, la de una humilde y delicada criatura que dice: “hágase en mí”. Surge pues en el mundo, quién haga la voluntad de Dios y en quién se realice. Ambas respuestas unidas, la de Jesús y la de María, declinando ambos su propia voluntad y entregándose de una manera total al designio del Padre Eterno, da inicio de manera irrevocable a la obra de la redención.
En pocas palabras alma, si María Santísima hubiese dicho a Dios: “Voy a hacer tu voluntad”, entonces se hubiese puesto en el lugar que no le corresponde, o sea, en el lugar de Jesús. Pero no, Ella contestó de manera óptima, es como si hubiese dicho: “Amado mío he aquí tu esclava, haga el Santo Espíritu en mí, según lo quiera el Verbo”. María respondió de manera perfecta a la Santísima Trinidad, anulándose y poniéndose en el lugar privilegiado de una humildad sublime.
Antes de que respondiera conscientemente y en libertad la Amada, toda la creación guardó silencio expectante; cuando respondió, cielos y tierra saltaron de gozo: la esperanza de salvación había tomado cuerpo en el Esperado y en Ella, su Ayuda idónea. El Cristo viene del cielo para hacer la voluntad de Dios, y la Virgen se propone para que en Ella se haga dicha voluntad, en nombre de todas las criaturas de Dios: “Fíat mihi”, “hágase en mí”.
Mira, alma que quieres desposarte con el Amado, cómo procede quien es Modelo de toda alma enamorada: ante la propuesta del Amado, ante el “te amo” de Dios, Ella responde, en el mismo efluvio del amor que le es donado: “te amo”, restituyendo todo el amor recibido al Amado que lo da. Luego dice: “yo soy de mi Amado”. Entonces Dios queda admirado de tal respuesta y, prendado de su mirada de paloma enamorada, también se dona completamente a Ella: “Dios mismo, el eterno Padre, se entregó a la Virgen de Nazaret, dándole su propio Hijo” (RM 39). Luego dice María: “mi Amado es mío”.
Por corresponder la Amada a su declaración de amor, Dios la hace su Esposa, y siendo el dueño del tiempo y la eternidad, proclama este Desposorio como arquetipo para toda criatura, y lo coloca de principio a fin del tiempo, y como un ingrediente esencial de la eternidad. Dios Trino ya lo había visto y esperado desde siempre, y por eso, el Matrimonio Místico entre el Amado y la Amada está vigente también desde siempre: “Desde la eternidad, Dios escogió para ser Madre de su Hijo, a una hija de Israel” (CEC 488).
Esto es un Misterio del Amor: el acontecimiento decisivo de la Anunciación el cual aparece en “la plenitud de los tiempos”, ya está vivo desde el principio, y también está inscrito en la eternidad de Dios desde siempre: “‘Tú eres siempre el mismo’; y todo lo que está por venir en el más hondo futuro y lo que ya pasó, hasta en la más remota distancia, Hoy lo harás, Hoy lo hiciste” (S. Agustín, Conf. 6, 3). Esto lo veremos claro en el cielo, alma, Dios mediante.
Pero toma en cuenta alma el requerimiento para vivir el Romance Eterno y aspirar a los Desposorios Místicos: Enamorada María es requisito: “Porque Dios solamente ama a quien mora con Ella” (cf. Sb 7, 28; CEC 721).
Todavía algo más, alma enamorada de tu Hacedor, mira con detalle cómo María Santísima responde negándose a sí misma. “He aquí la esclava del Señor”; lo hace de manera tan perfecta que se anonada en la pureza, y entonces Dios enamorado la llena de inmediato de todas las gracias que Él posee, la hace “Gratia Plena”. No hubo, ni hay, ni habrá, en el cielo ni en la tierra otra respuesta a Dios Trino como la de Purísima María. A partir del “Fíat mihi” toda la Creación empieza su retorno a los brazos del Padre Misericordioso.
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