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CAMINO A LA GRANDEZA.


 


Tu valor, esfuerzo y fe en el Señor te darán la victoria ante cualquier batalla. Josué 1:6-9 dice: “Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la
cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy
valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te
mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas
prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este
libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y
hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás
prosperar tu camino y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y
seas valiente; no temas ni desmayes, porque EL Señor tu Dios estará contigo en
dondequiera que vayas”.


 


El Señor insiste para que seamos valientes y esforzados porque nos asignará grandes responsabilidades. Josué debía conquistar y repartir la tierra prometida, era el medio para que el
pueblo tomara posesión de lo que le pertenecía. Dios quiere que te conviertas
en un canal para que otras personas obtengan bendición. Las promesas se
alcanzan solamente con valor y esfuerzo. Además, debes tener el carácter de una
persona valerosa para cumplir la ley y los mandamientos. El débil y mediocre no
agrada a Dios porque nuestra fidelidad no debe depender de la situación buena o
mala que vivamos. En todo momento debemos orar, adorar, alabar, escuchar y
practicar la Palabra.
Vivir el Evangelio requiere valor. Una persona valiente lucha
contra el maligno y es la primera opción del Padre para delegar y encomendar su
ministerio. Tu vida es un proceso de aprendizaje para ser valiente y esforzado.
El Señor no ha terminado contigo y te desafiará, así como lo hizo con Gedeón,
Moisés, Abraham, Josué y David.


 


Menosprecio que paraliza.


 


En 1ra. de Samuel 17:42-44 leemos: “Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho,  rubio y de hermoso parecer. Y
dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y
maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí  y daré tu carne a las aves del cielo y a las
bestias del campo”.


 


El enemigo busca maldecirnos e intimidarnos. Utiliza el menosprecio como un arma para hacernos sentir poca cosa y poder someternos. Hay jefes que dominan a sus empleados con prepotencia.
Esa es una actitud indebida que trae consecuencias negativas. El menosprecio y
burla te acobardan y humillan cuando no sabes quién eres y todo lo que puedes
hacer. Recuerda que Dios es tu Padre y para Él eres más valioso que el oro.


 


Justicia divina.


 


1ra. de Samuel 17: 45 continúa: “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones
de Israel, a quien tú has provocado”.


 


David le dijo a Goliat que cometió un grave error desafiando a Dios y su pueblo. Las armas y menosprecio no funcionaron contra un hijo que tiene el apoyo de su Padre. Tú también puedes
vencer si estás plenamente convencido de tu naturaleza de heredero de aquel que
hace justicia. No temas cuando te amenacen porque en el cielo saben quién eres
y no estás solo. Es como si fueras hijo de un sensei de karate al que nadie
ofenderá por temor a la venganza del experto en artes marciales. Si se meten en
problemas contigo, lo hacen con Dios. 
Incluso los hijos de un mismo padre recibirán justicia si se ofenden
entre ellos. Sólo quien tiene clara su identidad es capaz de pedir lo que le
pertenece. Debemos saber dónde estamos parados para saber qué debemos provocar.
1ra. de Samuel 17: 46 continúa: Dios te entregará hoy en mi mano, yo te venceré
y te cortaré la cabeza y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del
cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en
Israel.


A diferencia de Josué, Dios no le pidió a David que peleara, pero tampoco lo abandonó ya que tenía grandes planes para él. Las dos situaciones son diferentes pero ambas necesitaron valor y
esfuerzo.


 


Cobardía de palabra y acción.


 


1ra. de Samuel 17:23-24 dice: “Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las
filas de los filisteos y habló las mismas palabras y las oyó David. Y todos los
varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia y tenían gran
temor”.


 


El ejército fue cobarde, nadie se animó a enfrentar a Goliat. No fueron capaces de pensar una estrategia para vencerlo en grupo. Entonces aparece David, un joven pastor sin ninguna
experiencia como soldado y lo primero que recibe es otra actitud cobarde de
menosprecio. 1ra. de Samuel 17:28-30 nos recuerda: Y oyéndole hablar Eliab su
hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo:
¿Para qué has descendido acá?


¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido. David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora?
¿No es esto mero hablar? Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual
manera y le dio el pueblo la misma respuesta de antes.


 


Nunca falta quien nos haga dudar con sus palabras de desaliento. David fue más valiente que todos los soldados juntos porque su espíritu se forjó con las experiencias que había vivido. Su
valor surgió de la indignación que le provocó ver humillado al ejército de
Dios. Además, los filisteos lo maldijeron y quería demostrar lo que era capaz
de hacer. Dios lo respaldó porque su causa era justa. Josué fue utilizado para
conquistar la tierra prometida al pueblo. David fue utilizado para la salvación
de muchos. Ambos demostraron esa valentía que tiene el poder de recompensar.


 


El entrenamiento.


 


1ra. de Samuel 17:34-36 sentencia: “David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre y cuando venía un león, o un oso y tomaba algún cordero de la manada, salía yo
tras él y lo hería,  lo libraba de su
boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada y lo hería y
lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo
incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios
viviente”


 


Dios trató con David y le enseñó a enfrentar el miedo peleando contra leones y osos por defender a las ovejas de su padre. Muchas cosas podían fallar: el arma, la puntería, la cantidad de
enemigos, pero frente a cualquier eventualidad, su fe siempre lo sostuvo. Tú
también pasarás por un proceso de formación. El Señor te convertirá en una
persona valiente y esforzada. Al vencer a Goliat, David cumplió con dos tareas
importantes, primero, demostró al enemigo que debían temer a la ira de Dios y
segundo, le demostró al ejército cobarde lo que se puede lograr si se confía en
sus promesas y se lucha en su nombre. Los que se decían el pueblo de Dios y
valientes soldados no fueron capaces de enfrentar a un gigante porque dudaron
de quienes eran y de la victoria que Él 
podía otorgarles. No te olvides de quién es Dios y quien eres. No te
fijes en el tamaño del gigante, su caída será tan grande como él. Bajo su
presencia saldrás victorioso. Si David nos diera una cátedra sobre estrategias
militares, seguramente explicaría que debemos buscar el punto débil de nuestro
enemigo.  Goliat fue derrotado porque
Dios preparó el cuerpo, mente y espíritu de David desde mucho tiempo atrás. Le
enseñó a utilizar las armas que le había proporcionado y poco a poco su corazón
se volvió más aguerrido. Como pastor de ovejas, nunca dejó que un depredador se
llevara alguna, siempre fue valiente y luchó por lo que le habían encomendado.
Deja que el Señor adiestre tu voluntad y utiliza las armas que te da para
luchar contra el enemigo.


 


Dios te dará la victoria.


 


La Palabra es la espada del Espíritu que debes utilizar cuando el gigante de las dificultadas económicas, familiares, ministeriales y conyugales te amenace. Cualquier enemigo por grande
y diestro que parezca tiene un punto débil. El demonio también lo tiene, no lo
dudes, sus estrategias son insuficientes frente al poder de nuestro Señor
Jesucristo. Recuerda que el mismo Jesús lo venció en el desierto. Los gigantes
son tan grandes como pensemos, creamos y permitamos. Todos enfrentamos batallas
y muchas veces somos nuestro propio enemigo porque nos dejamos vencer frente a
la tentación. Somos débiles pero debemos pedirle fortaleza al Señor. Recuerda
que cuando seas vencedor muchos te imitarán. Las personas necesitan tu ejemplo
para inspirarse. Conquista y ejerce la autoridad que Dios te ha dado porque de
nada sirve si no la utilizas. Pelea con palabras y acciones. No esperes que
Dios lo haga todo, las batallas son tuyas. 
A veces Él pide que actúes, otras veces sólo espera tus reacciones, pero
en cualquier caso te respaldará si tienes fe y te esfuerzas. Lleva cautivos tus
pensamientos de temor por obediencia a Cristo. Decide ser conquistador sin
miedo al mundo porque su vara y su callado te infundirán aliento. Ningún arma
forjada contra ti prosperará si el Dios de los ejércitos y de justicia está a
tu lado. Él te libra de las huestes de maldad y levanta tu cabeza. Es
libertador y torre fuerte, aunque camines en valle de sombras y muerte, no
temas porque está contigo. Adereza mesa delante de ti y en presencia de tus
angustiadores. Es tu escudo, así que pídele respaldo y valor para luchar en su
nombre y serás más que vencedor.


 


Grupo de oración Getsemaní.


Santiago de Chile.


E-mail: "Manuel RCC" span style="color: blue;">manuelmirandav@yahoo.com>,


Agregado por Aurelio.


 

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Gracias, AMI.
Seguimos unidos por el amor de Jesús y María.
Lelo.

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